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Tiempos de guerra - Parte IV

Era una noche tranquila, con nubes y luna llena, y silencio. Ahí estábamos los cinco, en un bote navegando sobre un cielo oscuro, sin saber que esperar de una tierra a la que habían abandonado, que yo había abandonado.
Todos estaban descansando menos yo y Furia, ambos teníamos cosas en las que pensar, cosas a las que hacer frente. Ella temía volver para encontrarse a Azrael en el trono de su abuela y a ella muerta, y yo tenía miedo de que todo aquello hubiera sido en vano. Si volvíamos con las manos vacías, si volvíamos y ya era demasiado tarde, la era de la raza humana habría llegado a su fin a coste de alas blancas manchadas de sangre. No podía permitirlo.
No podíamos. 
Nuestro plan era sencillo, colarnos como humanos en mi aldea, sin despertar a nadie, sin ser vistos, coger el libro de mi casa e irnos de vuelta a Olimpia. Pero dentro de mí sabía que nada de aquello era fácil, debía colarme en mi casa, sin hacer ruido y coger lo único que mi hermana conservaba de mí.  No podía desp…
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Tiempos de guerra - Parte III

Este relato es la tercera parte de una historia, si aún no has tenido la suerte de sumergirte en ella ¡no te preocupes! A continuación dejo el enlace a su primera parte y así puedas estar a un clic de la ciudad flotante de Olimpia:
https://escritoscometa.blogspot.com/2019/06/tiempos-de-guerra-parte-i.html
Ahora sí, disfruta de la lectura y ¡nos vemos abajo en los comentarios! Un saludo, Cometa.
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Habíamos salido del parlamento en silencio, ninguno quiso decir nada más. No sabía que pensaban, si confiaban en mí o creían que era un fraude, un traidor. No sabía que esperar de ellos, no sabía a donde me llevaban, pero sabía, en el fondo, que no corría ningún peligro.
Caminamos por las grandes calles de Olimpia, las casas y sus edificios seguían siendo de un color amarillento y llegué a la conclusión de que el parlamento era grisáceo porque era un lugar sagrado y muy antiguo. Entonces pasamos al lado de un edificio rectangular sin techo que me quitó el aliento. Volvía a ser…

Tiempos de guerra - Parte II

A pesar de la adrenalina que corría por mis venas caí rendido al poder de Morfeo, soñé con mi abuelo, con su pelo gris y su rostro pensativo, en sus deliciosas galletas y sus historias, y sin darme cuenta, soñé en un futuro donde podía decir que había paz y no guerra.  Desperté entre lágrimas por un recuerdo lejano en mi memoria, un recuerdo de mi hermana en un columpio y yo a su lado, apoyado en un árbol de nuestro jardín, leyendo con sus risas de fondo, y supe que no volvería a oírla reír. 
Volveré, traeré la paz que mereces, que merecemos.
Y con la decisión de hacer una promesa sellada por el cielo bajé las escaleras. Estaban hechas del mismo material de arcilla y barro de las murallas que guardaban la ciudad. No crujían, no hacían ruido y, sin embargo, mis pies descalzos eran acariciados por la sensación de pisar sobre terciopelo.
Para mi sorpresa la cocina estaba vacía, solo había una bandeja repleta de galletas en forma de estrella, sin rastro de Furia y su abuela. Sin hacer ruid…

Tiempos de guerra - Parte I

Me encontraba ensimismado observando la gran muralla que se elevaba ante mí, cuya única decoración era una brillante puerta cuya entrada guardaban dos únicos soldados. No podía creer que estuviese en la ciudad flotante de Olimpia y todo por un capricho del destino, por un naufragio, por una guerra. 
 Nunca había logrado imaginarme la ciudad, por mucho que había leído sobre ella, por mucho que me había esforzado por crear un boceto, nada se parecía a lo que había ante mis ojos. Y ahí estaba yo, sobrecogido, salvado por una especie que estaba en guerra con la mía, y no podía evitar sentirme en casa.
Con cuidado, mirando donde pisaba, iba andando por aquel suelo que no era nube, ni blando ni blanco, sino de tierra, arena y roca dura. Era como si alguien hubiera erigido una ciudad y luego la hubiera levantado hasta llegar al cielo. Me agaché para tocar aquella tierra, nunca había visto una igual. Era robusta y fuerte y, sin embargo, si cerraba los ojos parecía suave como la seda. Y cuanto…

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